misterio bufo, reinterpretación iconoclasta de la crucifixión de cristo
Desde el siglo II después de Cristo, la iglesia viene empleando el término "misterio" con el significado de representación sacra. No mucho después, fue el pueblo quien lo giró e invento el "misterio bufo", como un espectáculo grotesco. El misterio bufo era diversión e ironía, pero era también expresión, provocación y agitación de ideas.
Esta colección es una reinterpretación bufa, en ocasiones satírica, en ocasiones simplemente plástica, de la crucifixión de Cristo, desde la crítica al modo en que la iglesia ha mancillado históricamente la figura de Jesucristo.
Tratar de encontrar alguna analogía entre el mensaje del Jesús bíblico y el mensaje de la iglesia católica es, en si mismo, sátira. Sátira es, también, poner frente a frente la figura revolucionaria y semidesnuda de Jesucristo, siempre contemporánea, y cualquiera de los personajes reaccionarios y fuera de época de la actual jerarquía católica.
La escenografía de la crucifixión se ha tomado del sereno y regio Cristo crucificado de Diego Velázquez, que en esta colección se desacraliza, toma vida, sufre, fuma, grita, oscurece , ríe y se hace mujer.
Imaginemos que Jesucristo hubiese vuelto a nacer ahora, a finales del siglo XX, en Al-Rayjiyya, una pequeña aldea al sur de Palestina. Imaginémoslo con su aspecto hippie, un poco ido, como en otro mundo, y sus sandalias de esparto. Bueno, de haber nacido ahí, del susto habría muerto al poco de tener razón. O peor aún, lo habrían encarcelado en alguna prisión judía y ya no habría más que imaginar. Reinventemos la historia. Pongamos que ha nacido en un sitio más tranquilo. Por no sacarlo del Mediterráneo, y que no pase frío con sus pies semidescalzos y su túnica, ese sitio podría ser Riesi, en Sicilia. Sí, de acuerdo, tener a la mafia tan cerca y a Silvio Berlusconi de primer ministro tampoco es muy tranquilizador. Es igual, dejémoslo ya ahí. En cualquier caso, sea en Israel o en Italia o en el Tibet donde hubiese nacido, sin duda lo primero que habría pensado es el buen resultado que le han dado a Su padre el resto de seres vivos de la creación, y lo estúpidos, belicosos y ambientalmente insostenibles que le hemos salido nosotros, los seres humanos.
La mayor conmoción seguramente la habría sufrido al visitar por primera vez Roma y el Estado del Vaticano. Es fácil imaginarlo con la boca abierta, atónito del resultado final de su pequeña locura y mensaje de dos mil años antes. Nos cabe la duda de si reaccionaría a carcajadas o se horrorizaría. Es de suponer que es un tipo inteligente, seguramente lo digeriría con humor, pero el amargor no se lo quitaría nadie. Por suerte, alguien le hablaría también de los misioneros cristianos que ayudan en África a levantar escuelas y hospitales, del trabajo de algunos Jesuitas, y le contarían la historia de Fray Dulcino o Jacopone da Todi, y sus mensajes revolucionarios de humildad, pobreza, comunidad e igualdad. Mejor, en cualquier caso, que nadie le cuente el final que tuvieron ambos.
Tras concluir la visita al Vaticano, habría vuelto a Riesi con una profunda depresión. Su madre, preocupada por su mal aspecto, le habría conseguido un billete de avión en alguna compañía de bajo coste, para que viajase de turismo a España y dejase de un lado esos pensamientos raros de amor, igualdad y revoluciones pacíficas.
Aterrizado en el aeropuerto de Barajas, toma el tren de cercanías y se aloja en un hostal de la calle Fuencarral. Pongamos que una desafortunada recomendación de la chica de la oficina de turismo lo dirige al Monasterio del Valle de los Caídos, y que alguien le cuenta la historia del lugar y la historia reciente de España. ¿Qué le entraría a ese hombre por el cuerpo al verse allí y reconocerse crucificado en sus paredes, como si realmente hubiese tenido algo que ver en todo aquello? Se le quedaría mal cuerpo, sin duda. Y peor se le pondría cuando en la noche estuviese viendo el telediario en el hostal (a Dios gracias que la vetusta tele de su habitación no sintoniza Telemadrid ni Intereconomía), y saliese la imagen de Rouco Varela en la manifestación homófoba del día anterior por las calles de Madrid.
¿Qué diablos han hecho con mi mensaje? –pensaría-, me están tomando el pelo.
Y ciertamente, parece que es así. Fuese quien fuese Jesucristo, seguramente no más que un pobre loco judío de mente lúcida e ideario comunista, de Él no queda más que una grotesca caricatura, mancillada y desnuda de todo sentido.
Aún así, el párroco de mi barrio, despreocupado de todo esto, siempre terminará la misa diciendo “Amén” (que así sea).
Fotografía_ Antonio Gallegos
Modelos_ Pedro, Katarzyna, Karre, Kika, Lee, Sebas, Sole, Celia, Antonio
Cruz_ Juan Manuel García
Estudio e iluminación_ Lázaro Castillo, Loli Canales
Maquillaje y vestuario_ Kika Escorza, Laura Calvo